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El color del que nadie habla

 Da igual a qué te dediques. Una vida sin colores es como una vida sin agua o sin aire. Imposible imaginarla. Pero ¿sabes usarlos a tu favor en los negocios?

En las diversas culturas y durante siglos, el color ha servido para diferenciar las distintas clases sociales y su poder económico y de influencia. La calificación era muy simple. El color más difícil de lograr y por tanto el más caro, era el utilizado por las clases superiores. Este fue el caso, por ejemplo, del color rojo. En este mismo rango de importancia y exclusividad entraba también el blanco, aunque por otros motivos. Era tan delicado, tan fácil de dañarse y sensible a las manchas, que sólo los que no tenían trabajos manuales podían permitírselo. Es decir, la clase alta que se movía por los salones, o en carruajes que los protegía del fango.

El color era, por así decirlo, el gran clasificador del orden establecido. Cada gremio, profesión, y ocupación, se vestirá de diferente color. Y el que intentara usar el que pertenecía a un orden superior podía ser ejecutado.

Con el paso de los siglos esta clasificación no ha variado tanto como se cree. Entre otros atributos que se le conceden, el color rojo sigue utilizándose si se quiere demostrar poder. El blanco, pureza, buena fe, buenas intenciones, nada que ocultar.  Después, cada estamento los adapta a sus principios. La iglesia católica por ejemplo sacraliza su utilización y confiere al color rojo cardenal el significado de la sangre derramada de Cristo y la de los mártires. Tampoco es una casualidad que Coca Cola vista estos colores precisamente. Podríamos poner cientos de ejemplos. Hasta Trump gusta de sus corbatas rojas, aunque el motivo real lo desconozco. Pero me lo puedo imaginar.

El poder de los colores es, sin duda, un tema interesante que atrapa cuando te metes en él. Y es que el color “trabaja” directamente las emociones. Los expertos bien lo saben. De ahí su importancia.

Pero no voy a hablar del significado oculto de los colores en la historia de la humanidad. Desde distintos ángulos, magníficos y apasionantes tratados dan buena cuenta de ello.

Yo quiero referirme a la importancia del color en el mundo de los negocios.

Y dentro del mundo de los negocios tampoco me voy a referir a la importancia del color en tu marca personal , o qué colores generan confianza, seguridad, poder, o un determinado estado de ánimo, o de espíritu. Ni voy a referirme a tu color favorito, ese con el que mejor te ves, o el que tu asesor te ha dicho que mejor te define, te sienta o te defiende. También de este apartado hay magníficos tratados y magníficos expertos profesionales. Eso ya lo sabes, porque eso es lo que te cuenta todo el mundo y ya lo has aprendido. Entonces…

¿Sabes que el color favorito de tu interlocutor puede ser tu gran aliado?

De sobra lo saben los personajes mejor preparados a lo largo de todos los tiempos; los grandes protagonistas de la historia, expertos en lidiar con la condición humana. Para ir directa al grano voy a poner un ejemplo de hoy, muy evidente y muy actual: La Reina Isabel II de Inglaterra.

Ahora se dice de ella que es muy moderna, un icono en el mundo de la moda. Pero durante décadas, sus trajes amarillo canario, verde manzana, o azul celeste, chirriaban para los profanos entre el gris dominante del mundo de la política. Y fueron muy comentados por incomprendidos. Los profanos es lo que tienen, o tenemos, hablar sin saber, y hablar mucho. Pero ella sabía lo que hacía. Un guiño directo al corazón de sus anfitriones. La reina Isabel en sus viajes oficiales siempre viste el color que define al pueblo, nación o condado que visita. ¿Por qué lo hace? Porque va directamente a las emociones, y al vestir el color que los identifica muestra respeto a la otra parte. Respeto y cercanía. El color compartido se convierte en un puente que une las dos laderas. ¿Es o no una sutileza que embelesa a cualquiera que la sepa apreciar?

Ganarse el agradecimiento de tus interlocutores, y granjearse su simpatía, es muy buen comienzo para una reunión de negocios. Y es un recurso que está a disposición de los mejor preparados, de los mejores conocedores del alma humana. Es decir, de quienes dominan la rentabilidad de los intangibles.

Todavía conservo en mi memoria la imagen de Theresa May como primera ministra británica, en  su viaje oficial a la Casa Blanca.

Sabía que todo el mundo la estaba observando. Pero sobre todo Donald Trump. Y no escatimó en dejar claras sus intenciones desde el principio.Tapizada de rojo apareció para el encuentro.Todo un mensaje cifrado a su anfitrión, que a tenor de las imágenes, surtió el efecto buscado: «Ya tenemos algo en común; en algo estamos en la misma onda; va a ser más fácil entendernos».

Y pudo presumir de ser aceptada de manera “expresa” ante la prensa internacional por el primer mandatario del país más poderoso. Objetivo logrado.

No vamos a entrar en otras disquisiciones ahora. Lo que me importa con este ejemplo es demostrar el gran impacto favorable que tiene utilizar este recurso.

De modo que cuando acudas a una comida de negocios, a una reunión importante, yo te sugiero que luzcas ese color que más usa tu interlocutor, sea cliente, socio, banquero, o inversor. No es necesario que vayas cubierto de los pies a la cabeza, porque puede que a ti ni siquiera te guste o no te favorezca. Una corbata, un pañuelo, una funda del móvil o del iPad, es suficiente. Pero él o ella tendrá delante de sí el color que tanto frecuenta, y despertará, casi sin darse cuenta, similitud y simpatía hacia ti. Y eso es jugar a tu favor desde el principio.

Recuérdalo, lo hacen los que más saben.

©Josefina Escudero

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